SEÑOR FESTIVAL

Letra y melodía terminadas; ya en proceso de grabación. Pronto la conocerán. Ese es su título: “Señor Festival”. Y su letra empieza igual. “Señor Festival:”, agregándole esos dos puntos. Y sale entonces el chorro. Estaba en mora de componerla y escribirla, aunque cuenta con una primera aproximación temática en otra canción de mi cosecha, “Atípico y sutil”, que está publicada en mi canal de YouTube.

Lo ideal sería preservarla inédita para concursar con ella en algún festival. Pero la verdad, no creo que ningún festival de los que conozco y en los que he concursado se atreva a seleccionarla.

A propósito de festivales vallenatos y sabaneros, algo más diré sobre ellos. El 8 de agosto de 2026 publiqué por aquí un texto que titulé: ¿Cultura o corrupción? Menos de un mes después, lo ocurrido en el Festival del Retorno, en Fonseca-La Guajira, confirma muchas de mis apreciaciones. Los festivales de música vallenata y sabanera están corrompidos hasta el tuétano. Yo he llamado mafias festivaleras a esas “empresas” inescrupulosas que hacen hasta lo imposible para lucrarse de todos esos eventos. Los tienen como negocio. De eso viven. Les toca ganárselos o ser premiados como sea. Y a esta mafia corresponde otra: la de los jurados. ¡Sí!: así como lo oyen. A más plata, más corrupción.

Un verseador de renombre en concursos de piqueria aseguró —en una entrevista que se le hizo este año en el mencionado festival— que se retirará de los festivales porque ya no se premia a los mejores, sino a los que negocian puestos y trofeos a cambio de entregar la mitad del dinero. Me quedé pensando en cuánto dinero habrá tenido que repartir a lo largo de su exitosa carrera. Y en ese mismo festival, a un concursante de canción inédita comercial le retiraron el primer puesto porque con la canción que compitió había ganado otro festival en 2019. Al parecer, solo le modificó ligeramente el título, y alegó en su defensa que no se acordaba de ese precedente, que él es un compositor prolífico y no tiene necesidad de ponerse en tales mañas. Lo peor vino después, cuando se declaró culpable, pero la arrogancia lo llevó a decir que el festival de Fonseca debería agradecerle que un compositor como él, de su talla, el único reconocido entre los que compitieron, se haya presentado en su tarima. Y fue más lejos, poniendo en entredicho la calidad de sus rivales en ese certamen. Habrase visto tanto atrevimiento. No respetó siquiera a sus amigos; a uno, en particular, que lo ha tenido siempre presente en sus propios eventos y que, dicho sea de paso, es musicalmente mucho más que él. Ya quisiera esa voz de la soberbia tener la calidad musical y textual de ese de quien hoy denigra.

Y hay que decir la verdad sin rodeos y sin miedos: no es el único compositor que ha hecho y hace aún eso. Las prácticas de corrupción en las que incurren son muchas. No es necesario ahora repetirlas, pues ya he sido demasiado explícito al respecto en textos anteriores. Nada de raro tendría que quien o quienes lo denunciaron sean después denunciados por otros contendientes debido a hechos similares. De aquí en adelante esto se podría convertir en una tiradera de trapos sucios en todos lados. Hasta sería bueno que suceda, a ver si por esa vía se logran purificar un poco las cosas. Vetarlos a todos los que terminen enredados en esos conflictos festivaleros.

Lo cierto es que ya es hora de que los compositores que andan todavía en esas componendas y tramoyas entiendan que tarde o temprano se les acabará el negocio. O se corrigen o se quedarán sin festivales. Una investigación seria comprobaría la existencia de muchas canciones que se han paseado como inéditas por varios festivales, trajinadas hasta más no poder. Por mirar solo este aspecto. Se quedarían asombrados los auditores de todo lo que descubrirían entre bambalinas.

Otro fenómeno que debería también corregirse o limitarse es el de esos compositores que no se cansan de querer ganarse siempre los festivales donde ya han ganado. Algunos acumulan hasta cinco o seis primeros puestos en cada uno. Parece que los tuvieran escriturados. Y el asunto es tan grave que muchos compositores se abstienen de inscribirse y participar porque se conoce de antemano lo que va a ocurrir. No porque sean los mejores en el arte de componer canciones, sino porque lo son en el arte de cómo salir siempre victoriosos.

Ver a esos compositores en todas partes donde se escenifican festivales, desmotiva a quienes concursan en buena lid. Yo soy de los que tratan de averiguar quiénes van a ser jurados y quiénes concursantes, a ver si me le mido. Varias veces he retirado canciones o desistido de presentarlas estando al pie de la tarima cuando se hace notoria la falta absoluta de garantías.

Por último, un consejo para quienes con frecuencia posan de jurados en esos concursos de canciones inéditas: si tienen amigos o parientes concursando, o personas con las cuales realizan negocios y presentaciones, pues ábranse, declárense impedidos. ¡Siquiera eso! Competir contra quienes gozan de esas ventajas es una deslealtad total. Gánense las cosas con honestidad, sin palancas, sin maquinaciones. ¡Qué mérito puede haber en premios obtenidos con repugnantes ayudas!

Señor Festival: … ¡Ya está en el horno! Vayan imaginándose el calibre…

FBA 

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