PORFIANDO
EN LO OSCURO
El segundo episodio de "El brindis del fragmento" estará disponible por aquí, en mi cuenta de Facebook y en mi canal de YouTube el próximo fin de semana.
El primer episodio solo obtuvo en Facebook un par de reacciones mudas. Pero no importa. No se trata de eso. Su continuidad no dependerá de gustos ni de aplausos. La misión del arte está condenada de antemano a fracasar. ¡Y yo sí que sé asegurarme de que ello suceda! El empecinamiento es mi única victoria. Un empecinamiento que no es terquedad ni sobrevaloración. Se trata tan solo de intentar el buen vivir.
En todo caso, he notado que los contadores de los sitios donde está ubicado ese primer episodio se siguen moviendo. Chismosos hay en todos lados. Aunque una vez una muy buena amiga que vive lejos me dijo que, por mi forma de ser y la estética de lo que hago, muchos no se atreven a dejar huella ni a opinar. ¿Será? Yo no creo. Semejante situación me asusta. No creo inspirar tanto miedo, respeto o prevención. Prefiero creer que obedece más bien a que soy muy malo para publicitar mis cosas. Y a que me aplico, sin temor alguno, la autocrítica.
Bien. Sigamos. Más canciones de mi cosecha por grabar: "Noche querida"; "Con la flor más buena"; "Belleza artificial"; "Ay, mi corazón", y "Triunfador", entre otras que están también pendientes.
Me encuentro dándole a una nueva canción que se me ocurrió hace unos días. Una canción que nos cuente su origen, su proceso creativo y les hable descarnadamente a los festivales, señale algunas de sus carencias y ofensas, exigiéndoles respeto. Empezó bien. Esta noche, en libación solitaria, me la estaré rumiando a ver si sigue avanzando por buen camino.
A propósito de hacer o escribir canciones, escuché a un joven compositor que está bastante bien conectado con el medio, decir en un video que para empezar a triunfar tuvo que aprender de un amigo y maestro suyo que es experto en canciones comerciales y exitosas. No pasaba nada con sus primeras composiciones. Así que tuvo que renunciar a las letras largas y a las estructuras complicadas, optando por la obviedad del momento y la búsqueda de un estribillo pegajoso. Con eso basta.
No me veo ni me veré jamás en esas. La indiferencia y el olvido son más saludables que la mediocridad.
¡Feliz sábado!
FBA

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