LIBROS

Seis (6) de veintipico, varios ejemplares de cada uno, disponibles en físico para compradores-lectores. Sobre todo, para lectores; que lo sean de verdad.

Repaso lo sucedido con todos los libros de mi cosecha que he publicado durante treinta o más años, y las ventas han sido pocas. Más que todo han terminado siendo rebajados a la indignidad del obsequio (con algunas valiosas excepciones en torno a esto último).

Opté por publicarlos como libros electrónicos, y como tal se encuentran otros siete (7) disponibles también para compras en mi cuenta de Amazon, principalmente poemarios.

Varios compradores todavía morosos, libros al fiado, que nadie al final paga.

Pero hay toda una vida de riguroso trabajo detrás. Muchos años de lecturas, de estudios, de proceso escritural, de revisiones, de correcciones, y últimamente hasta de diagramaciones para autoediciones en modalidad de impresión bajo demanda.

Así que decidí no regalar ni uno más. Prefiero que se queden conmigo en la invisible jaula del destiempo.

Tal vez se me ocurra organizar una rifa de cien números de dos cifras, a un costo moderado de cinco mil o diez mil pesos por número. O algo mucho peor: irme para una de mis fracasistas tiendas cerveceras, en mi ciudad natal, un sábado de los míos, destinados estos a mis libaciones solitarias, y ofrecerle a quien se arrime una lectura personalizada, y ejemplares en promoción con dedicatoria y autógrafo incluidos.

Mientras tanto, ando grabando en mi miniestudio donpachograbaciones.sol una canción cuya letra terminé de depurar y precisar ayer, surgida días atrás de una conversación con el maestro Rodolfo Badel Troncoso acerca del tempo comercial de las canciones, a propósito de una grabación suya, con su hija Sara, del paseo “Como penumbra” de Joaquín Rodríguez Martínez. Todo bajo mi absoluta irresponsabilidad (solo yo neceando con una guía rítmica de blues, guitarra acompañante, guitarra puntera, armónica, controlador midi, efectos de sonido, strings y teclados). Grabar yo mismo mis canciones, así no sea un músico profesional y el producto no resulte óptimo, es uno de los placeres más fascinantes de mi incansable vida. Disfruto más en la música que en la literatura, aunque esta última me ha proporcionado a veces bastante satisfacción. Seguramente, por aquello de las muchas venganzas deliciosas. La poesía me ha hecho reír en ocasiones, con su insuperable maldad.

La canción a la que me refiero la bauticé “Lenta soy”. Me faltaba la voz. Hoy la grabé, y me salió casi de un tirón. Sigue para proceso de limpieza, ajuste de volumen y afinación, luego grabaré unas segundas voces y, por último, mezcla y masterización. En diciembre, o antes, si la culmino pronto y logro editar también su video, la conocerán por aquí y en mi canal de YouTube.

Libros, libros, libros… Varios en proceso de escritura y otros que permanecen inéditos. Se me acerca ahora sí la hora de pensionarme. Si he escrito libros y compuesto canciones con profusión pese a tantos agobios laborales, supongo que, ya pensionado, dispondré de todo el tiempo requerido para acabar los proyectos inconclusos y aventurarme en la creación de otros. O quizás no. A lo mejor me dedique por fin a disfrutar plenamente de la vida, a ser feliz, sin ocuparme en nada que me implique esfuerzo y decepción.

Eso pienso y digo yo ingenuamente desde la penumbra de mi oficina musical.

Nunca lanzo mis libros, porque libros que se respeten saben que lo suyo no es la celebración ni el farandulero aplauso. Hay tanto dolor en ellos…

¿Será que toca como sea venderse y, con éxito mediocre, traicionarse?

Algunos ejemplares de mis libros han ido a parar, por ventura de la ebria y alta noche, a las barrosas y milenarias aguas del Sinú.

¿Destino? ¡Cenizas que habrán de seguir idéntico abandono!

FBA

Comentarios